Lillas Pastia
Carmelo Bosque

Nací y viví mis primeros años en Ponzano, en el Somontano, entonces rodeado de vides, que todavía hoy reverdecen y producen buen vino D.O., y de almendros, y de olivos, y otros frutales, y entre ellos campos de cereal para tener buen pan. Desde cualquier sitio de mi pueblo se contemplan las faldas de las sierras exteriores, sobre las que asoman los picos casi siempre blancos del Pirineo. Guardo numerosos recuerdos culinarios y gastronómicos de una vida de pueblo, donde se aprovechaban con sabiduría todos los recursos, sobre todos los del corral, pollos y gallinas, o los del cordero, -hasta sus más delicadas entrañas-, o los del cerdo tan elogiado, sin yo saberlo entonces..(me refiero a los elogios de los escritores...)..

Tengo un leve recuerdo de que, en el invierno, se embutían lenguas de cerdo, o alguna gallina gorda y bien cubierta de su grasa dorada, que deshuesada con cuidado y debidamente preparada, se volvía a recoger en su piel conservada entera, y cosida finalmente como si de alta costura se tratara. En esos dos productos que se conservaban para momentos de fiesta, se ponía bien picada algo de trufa que se compraba en unos frasquitos nada económicos. No sabía entonces si decoraban, pues luego a la vista aparecían en pequeños trocitos al trocear la lengua o la gallina en redondeadas lonchas, o si añadían un sabor o aroma particular.

Pero pasados los años, -toda mi vida profesional ya ocurre entre fogones-, se comprenden muchas de las cosas que la experiencia diaria ha ido descubriendo y acumulando, y que los libros, imprescindibles, ayudan a profundizar.

Desde 1995 Carmelo Bosque y el equipo que concita en torno a él ofrece una cocina moderna, actual, en la que sobresale el conocimiento que tiene de sus más hondas raíces, de los productos de su entorno natural, así como el carácter estacional que impone en su cocina, y el tratamiento que a todo ello le imprime con las técnicas y medios de la cocina de nuestros días. Las más prestigiosas guías gastronómicas le colocan en su conjunto como el restaurante mejor calificado de la Comunidad Aragonesa, destacando la estrella Michelin.

Entre tantos productos y elaboraciones que ya le han dado un perfil muy particular, como viene demostrando en cuantas apariciones públicas ha comparecido, Congresos, Jornadas, Encuentros, etc., hay un producto por el que Carmelo Bosque siente una predilección especial: La trufa, “cazada” en los montes vecinos del Somontano y de la Ribagorza, con la que mantiene desde hace años una “convivencia” muy personal. Así lo acredita el reconocimiento de los comensales que año tras año se acercan a su mesa, llegados de los más diferentes lugares y ciudades.